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SOCIEDAD - Nuestros años felices Juan González Febles LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Mi primer reloj pulsera lo gané en una asamblea en 1973. Quiero decir que alguien puso en mis manos el cupón que me concedía el derecho a comprarlo. Dijeron que tenía los méritos para ello. Nadie me preguntó si necesitaba un reloj, pero no debía rechazarlo. Decían que lo había ganado. No sé si esta será la felicidad a que se refiere el Sr. Carlos Lage cuando habló en los festejos del aniversario 45 de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Esa felicidad que no conocieron los adolescentes y veinteañeros de hoy. Los ómnibus de aquella época no guardaban mucha diferencia con los de hoy. El transporte andaba mal entonces, sin los camellos. Hoy anda peor. Quizás el Sr. Lage era tan feliz en aquel momento, como lo es su hijo en la actualidad. Suerte de familia. Sinceramente, no sé a qué felicidad se refiere el vicepresidente. Luego de lamentar el fin de aquella Unión Soviética y rasgar sus vestiduras por lo que perdieron, el régimen de Fidel Castro mira con tristeza al pasado. De veras que extrañan los tiempos en que la factura del fracaso y los excesos la pagaban el imperialismo y Marx y Engels a cuatro manos. Entonces "el futuro pertenecía por entero al socialismo". El Sr. Lage sufre de nostalgia por aquellos tiempos en que para cursar una carrera, o para trabajar, era menester llenar aquellos cuestionarios llamados "cuéntame tu vida". En ellos se preguntaba si se tenían creencias religiosas, o familia en el extranjero. Quien respondía afirmativamente cancelaba toda oportunidad. Eso es lo que ellos conocen como felicidad. De aquellos tiempos recuerdo la charada de la infaltable libreta de racionamiento. Si se compraban pañuelos no se podían comprar medias o calzoncillos. ¡Qué sentido más retorcido de la felicidad! Lo único real de las nostalgias del Sr. Lage fueron las promesas siempre incumplidas de una vida mejor. Todo se perdía en los vericuetos de un futuro lejano e inasible como la línea del horizonte. Pero lo que nunca le faltó a la revolución, y por supuesto a Lage, fue crueldad. Esa fue su época feliz de fusilamientos rápidos y tumbas anónimas. De cárceles repletas, UMAP y razzias policiales frecuentes; de enviar gente a la cárcel por gusto o por ejercicio inmodesto del poder. Se podía encarcelar a un ciudadano para quitarle su automóvil o su amante. De aquella felicidad, a mi personalmente, me queda que opté por ser diferente. Preferí a los Beatles y los Rolling Stones. Pero mi mayor acierto fue nunca haber confiado en ellos. Haberles escatimado con tiempo mis sueños y mis parcelas personales de intimidad. Nuestros años felices están por llegar. Llegarán con la democracia. Serán de libertad y derechos para todos y también de mucho trabajo. Alguien deberá arreglar el desastre nacional. Esos serán nuestros años felices. jgonzafeb@yahoo.com |
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SOCIEDAD Rejas nada mas Rafael Ferro, Abdala Press PINAR DEL RIO, Cuba – Julio (www.cubanet.org) - Cuba es una inmensa reja. Hay rejas por todas partes. Si alguien protesta por hambre, es puesto tras las rejas. También corre la misma suerte quien intente vender algo de su propiedad. Si usted es cubano y vive en la isla, no puede vender su auto, tampoco su moto ni el cerdo que crió; pueden ponerlo tras las rejas. Rejas por doquier. Si es opositor al régimen, tras las rejas en juicio sumario. Si no encuentra trabajo y no le cae en gracia al policía de barrio, candidato a las rejas, en fin, todo rejas. Y como si fuera poco, los mismos ciudadanos ya se van imponiendo sus cuotas de rejas; una manera de encierro privado, independiente, opcional. Ahora, el que tiene un poco de dinero, manda a confeccionar sus propias rejas a soldadores callejeros. Rejas en los portales, rejas para las ventanas, su asignación de rejas también para las puertas. Y de buenas a primera cada cubano se ha convertido en un prisionero de si mismo. Nunca me gustó ver pájaros enjaulados ni pequeños árboles de parques con esos enrejados circulándoles los troncos para impedirles daños ocasionales. Los pájaros y los árboles son incompatibles con las rejas. Los seres humanos también. Cuentan los más viejos que antes cada casa cubana enseñaba hacia la calle sus puertas abiertas de par en par, sin miedo a nada, como invitando al caminante a entrar para conocer gentes buenas. Eso quedó en el recuerdo. Ahora se han cerrado las puertas, y como si no bastara, llegan las rejas, la macabra moda obligada del auto encierro. Tanto hierro a la vista, aplasta. Es una moda obligada. No hay otra salida en un país en el que el índice delictivo se dispara en ascenso, la escasez está al orden del día y cada cual, por desgracia, se va individualizando. Eso tenemos, eso nos queda, nos han dejado eso: la prisión pequeña con los gritos de tantos ahogados tras los muros de la injusticia, y la prisión grande, esta isla toda que caminamos día a día los aparentemente libres, sobresaltados por el resplandor de las antorchas que van soldando los entarimados ferrosos de cada vivienda. Nuestra única opción, rejas… rejas nada más. |
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SOCIEDAD Juan González Febles LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - El gobierno de Fidel Castro juzgará a las siete madres involucradas en la abortada operación de tráfico humano de Pinar del Río. Inexplicablemente no se anunció proceso militar para las tripulaciones de las unidades guardafronteras involucradas en ese evento. Tales unidades, mataron a contrabandistas en un episodio clásico de uso exagerado de la fuerza o brutalidad policial. La declaración que tiene por título, "Nada ni nadie puede poner en peligro la vida de un niño", aclara parcialmente la posición oficial. La misma fue dada a conocer en esta capital y ofrece un enfoque extravagante sobre éste y otros episodios de salidas ilegales de la Isla. Digo extravagante, porque se culpa a la Ley de Ajuste Cubano, una vez más, por la recurrencia de estas situaciones. Los 39 participantes en este episodio permanecen incomunicados y como ya es costumbre, privados de las garantías mínimas. Aunque la declaración guarda sus más amenazantes matices para las siete madres, todo parece indicar que serán condenados todos los adultos. La hipocresía en la posición gubernamental es obvia. Está fresco en la memoria el hundimiento del remolcador 13 de Marzo. Ninguno de los responsables directos de aquel crimen fue procesado. Ni los autores intelectuales de la orden criminal de hundirlo ni los viles ejecutores de la misma. En el reciente incidente de Pinar del Rio, el gobierno argumentó que socorrió a 39 personas entre las que se contaron, 14 mujeres y siete niños. Los niños están comprendidos en edades entre los 23 meses y los 14 años. Abril es mes de connotación trágica en la vocación sumaria del régimen. En abril de 2003 fueron juzgados de forma sumaria y sin garantías, tres infelices jóvenes negros. Los tres desventurados fueron fusilados a la carrera. Intentaron secuestrar una embarcación para escapar del infierno doméstico. En aquel momento, el régimen argumentó que lo hacía para impedir una intervención militar norteamericana. También en abril de 2003 comenzaron los juicios contra los opositores y periodistas víctimas de la Primavera Negra de ese año. No hubo absoluciones y sí condenas exageradas para hombres inocentes. En tiempos de crisis -artificial o real- el régimen cubano es terrible. Si a esto le agregamos el desprecio y el odio que siente contra el pueblo cubano, es fácil deducir quién pagará los platos rotos. Cuando se produjo la inusual campaña diplomática del ex embajador de los Estados Unidos James Cason, algunos pensaron que el diplomático sería expulsado de la Isla. No fue así, el gobierno cubano encarceló a 75 cubanos y les acusó de conspirar con Cason. No es de extrañar que ante una nueva situación, la soga vuelva a romper por lo más delgado, esto es: las siete madres. A la retórica hueca de la Batalla de Ideas, poco le faltó para canonizar a Elizabet Brotons, la madre de Elián, el ex niño balsero y hoy niño pancarta y con discursos. Se dijo que fue "engañada" y afrontó el tibio, azul y peligroso Estrecho de la Florida con su hijo sólo por esta razón. No se dice una palabra sobre las verdaderamente injustas y draconianas leyes migratorias cubanas. Tales leyes cuentan con un abultado expediente de familias separadas y rehenes tomados por la fuerza. El gobierno de Fidel Castro, por irrespetar leyes, pasa por alto hasta su propia legislación. Las siete mujeres, pudieran sufrir, entre otras cosas, la separación de sus hijos. Esto, por violar los procedimientos migratorios y no educarles en los principios de la revolución de Fidel Castro. Se argumentará como razón priorizada haber puesto en peligro la vida de los infantes. Los niños eventualmente se convertirían en "hijos de la patria". Esta forma de bastardía política forma parte de la realidad nacional. Las personas que caen bajo este aciago rubro, terminan en muchos casos como miembros de tropas élite o como números en los cuerpos represivos de la dictadura. Sobre el muerto y los heridos a partir del comportamiento violento de las tropas guardafronteras, el gobierno no hace comentarios. Insiste en guardar el silencio con que trató de desligarse del crimen del remolcador 13 de Marzo y la impunidad de aquellos perpetradores. |
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PINAR DEL RIO - Obreros tabacaleros. ( Foto: Corbis ) |
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OLA REPRESIVA LA HABANA, 24 de febrero (Jorge Olivera) - Excelencias: En vista del notable deterioro de la represión en Cuba contra todo ciudadano que ejerza derechos consignados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, he determinado dirigirme a ustedes con el deseo de pedirle, hoy más que nunca, su solidaridad y apoyo. Turbas alentadas por la policía política han protagonizado sendas golpizas, allanamientos, entre otras formas de asedio no menos alarmantes. Lo peor de toda esta espiral represiva es la impunidad de los hechos. Las víctimas reales y potenciales se encuentran en absoluto desamparo, pues no existe ninguna institución dentro del país para implementar las denuncias pertinentes. El Partido Comunista monopoliza, desde hace más de 47 años, conceptos como patria, nación, estado, sin dejar espacios cívicos para quienes difieren de los lineamientos ideológicos vigentes. El terror ha cobrado una dimensión que mantiene a la familia cubana en un permanente susto. La indefensión y la crueldad de los represores ha enraizado la doble moral y el silencio de la mayoría, que teme ir a la cárcel o recibir el estigma de ser un contrarrevolucionario e inmediatamente pasar a la marginación y a sufrir otros castigos inherentes a un sistema que institucionaliza el atropello sin que nada le importe. Puedo dar testimonio del abuso y la crueldad. Fui sancionado a 18 años de privación de libertad en abril de 2003, por ejercitar el periodismo sin la supervisión de los censores oficialistas. Enfermo, me recluyeron en una celda apenas alumbrada y saturada de insectos. Tuve que beber agua contaminada y la comida era regularmente servida en estado de putrefacción. El 6 de diciembre de 2004, después de 20 meses y 18 días sometido al más cruel de los tratos, las autoridades penitenciarias me concedieron una Licencia Extrapenal por motivos de salud. Ahora pretenden devolverme a la cárcel. No se permite ni a mí ni a mi familia partir al exilio. Las autoridades migratorias de Cuba nos niegan el permiso de salida, un procedimiento que refleja en que país estamos viviendo. Para desestabilizarme psicológicamente y agudizar mis padecimientos del colon, funcionarios de un Tribunal del municipio donde resido me comunicaron nuevas disposiciones que buscan además la humillación y el chantaje. Desde el 21 de febrero se me prohíbe salir de los límites de Ciudad de la Habana sin una autorización del Tribunal, tampoco participar en festejos y eventos públicos, y me quieren situar en un empleo decidido de antemano por la instancia judicial que supervisará la conducta junto a miembros del Partido, sindicato y otros del centro donde finalmente me asignen. De incumplir con lo establecido, se me amenaza con el retorno a la prisión. Las intenciones son marcadamente arbitrarias y torturantes, por lo que les reitero su atención sobre cuanto pueda ocurrirme en lo adelante. Los exhorto encarecidamente a que utilicen sus buenos oficios a favor de quienes en Cuba abogan por la reconciliación, el tránsito pacífico a una democracia y el pluralismo. |
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Febrero 1, 2006 Castas de autos Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) - En Cuba, las chapas o placas de los carros marcan diferencias muy específicas de categoría jurídica, social y de control policial para sus propietarios o para quienes manejan el vehículo. Pareciera sólo una curiosidad tanta diferencia de colores, letras y números impresos en la matrícula, pero significan mucho más: la división establecida en una especie de castas de autos, como reflejo de la estratificación de la sociedad cubana. Con los autos existe un apartheid semejante al de los hoteles. El ciudadano cubano, aunque cargue dólares en sus bolsillos, no puede alojarse en un hotel. Si es extranjero, o cubano residente en el exterior, las puertas del hotel siempre estarán abiertas. La última categoría de la escala social automotriz está destinada al tractor. Dedicado a las faenas del campo, y lejos de la vista de sus congéneres "ricos" y "menos ricos", a estos humildes equipos campesinos no les otorgan el ornato de la chapa. Son desclasados, proletarios del campo. No obstante, en situación peor se encuentra el "rikimbilis", neologismo criollo que designa el artesanal híbrido de bicicleta y motor al que las autoridades no sólo excluyen de las categorías viales, sino que persiguen sin tregua. El artefacto no tiene autorización para circular. Sin embargo, por ciertas zonas y a determinadas horas sus propietarios los emplean para aliviar la crítica situación del transporte público, exponiéndose a la multa y al decomiso del vehículo. La especificidad legal de los autos es la siguiente: - Chapa blanca: funcionario de primer nivel de dirección del país. La chapa roja merece un último comentario. Llama la atención una gran cantidad de vehículos circulando con esta matrícula, pero no tanto por pérdida, deterioro o prueba técnica, sino por robo de placas, las que se destinan a la confección clandestina de artículos como manillas, aretes, pulseras y otros. |
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Enero 20, 2006 Las razones de Nefasto Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org) - Nunca un refrán cobra mayor vigencia que cuando se dice que los cubanos se le escaparon al diablo. Hay que ver con cuánta intrepidez se adaptan al azufre, los tarros, los tridentes y las colas que han debido enfrentar casi cincuenta años sin renunciar al paraíso prometido, aún medio de las llamas, los humos y las señales del más acá y el más allá que los circunda y separa por la bendita maldad y circunstancia del agua por todas partes. Sólo hay que desandar las calles, leer o escuchar las noticias que nos llegan de todas partes, ya sea a través del murmullo traicionero, amistoso, acobardado, de boca a oído, de oído a boca y así hasta el infinito de la Isla. O luego de un estentóreo grito que nos cura en salud al alma apocalíptica de los predestinados a brillar aunque sea en las orillas del Egeo, las nieves del Kilimanjaro, las cataratas del Niágara o el cráter del Popocatepel. ¡Qué vergüenza saber que aquel supuesto genovés, Cristóbal Colón, andaba en alpargatas de corte en corte -por supuesto, no de cañas- de la seca a la meca y del yin al yan, rogando unos dineros para hacerse a la mar en unas carabelas que hoy, 500 años después, causan risa al cubano de tan enmaderadas, tan hechas al ajetreo marino, y protegidas de los rayos del sol y de la bulimia de los tiburones. Lo que llevaban de comer y de beber en sus abultados vientres de madera es Niña Curiosa, La Pinta entrometida, y La Santa María en su búsqueda de los caminos del oro y los enrevesados trillos de la fe, no lo ha visto una familia cubana ni aunque su residencia en la tierra más bella que ojos humanos vieran haya durado medio siglo. Y mucho menos las balsas marineras Tres Palos al Garete y La Estampida, o el catamarán El Exodo Infinito en su fallido viaje por encontrar raíces en los pantanos de los Everglades. ¡Ni Jasón y los argonautas que buscaban el Vellocino de Oro de un carnero con igual insistencia que un cubano la carne de res en la capital; ni Juan Ponce de León tras la Fuente de la Juventud a falta de Viagra, o Alejandro de Humboldt ante otra cosa que hacer cazando maripositas y lagartijas por las enmarañadas selvas amazónicas y las fiebre-amaríllicas costas del Caribe, han puesto tanto tesón en conquistar el mundo con su presencia, ya sea limpiándolo con sus habilidades o sanándole con una dosis de realismo mágico cuyo poder sólo surte efecto en el extranjero! Los cubanos llegan -al mundo- y se van, como diría el poeta. Por eso es tan dolorosa la simpleza de culpar a una Ley, por mucho ajuste que tenga, del afán de conquista de los cubanos, de calificar como récord en la última década que más de 2,600 marineros en tierra de la isla intentaran llegar a Estados Unidos en 2005, a pesar de las 26 tormentas y catorce huracanes que azotaron durante meses el Atlántico, el Caribe y el Golfo de México. Lo mismo que a los españoles se les sube la bilirrubina con las corridas de toro, a los mexicanos con la lidia de gallos, a los pandilleros del Bronx con la práctica de tiro en medio de los parques y las escuelas, a las guerrillas colombianas y a los paramilitares con el secuestro y degollina de cualquier inocente, a los cubanos se les desborda cazando huracanes. Es hora de poner fin a esas teorías y a otras no menos endebles, como la que dice que abandonan el país por falta de recursos para vivir, sueños que soñar y entuertos que deshacer. En Cuba hay de todo. ¿Cómo es posible entonces, en qué cabeza cabe, en cuál esquina del corazón puede tiritar el deseo de abandonar un país con educación gratuita para todos hasta el nivel universitario? ¿Quién se aleja sin mirar atrás del único lugar del mundo donde el aumento del salario y de las pensiones por la Seguridad Social no lo brinca un chivo por lo elevado, y mucho menos se las come porque no les alcanza ni para empezar? ¿Dónde se ha visto decir adiós a un gobierno que garantiza la salud gratuita, la suficiencia alimentaria, que mantiene subsidiados los alquileres del agua que no fluye y la luz que apenas ilumina, pero existen, y las propiedades de millones de viviendas a punto de derrumbarse, aunque en pie como las malas ideas de nuestros detractores? Si estos no son recursos suficientes para vivir, un medidor del nivel de vida ejemplar, que venga un haitiano y los compare. En cuanto a la cantidad de sueños que soñar, ni el número de estrellas se les acercaría, pues son tantos y posibles que bien vale la pena seguir pensando en la luna de Valencia hasta que se hagan realidad. ¿Cómo no tener fe y posibilidad real de que un día cualquiera usted despierte y le den los buenos días, tenga leche para el desayuno, no tenga que inventar el almuerzo y la comida, haya agua en la pila de la ducha -y ducha-, pueda salir a pasear sin que le pidan el carné, no tener que sortear a los jugadores de dominó en medio de la acera, vadear un tambucho de basura desbordado, pensar en la caída de un balcón que aplaste su esqueleto, no aguarde un apagón, pueda planear un viaje a donde le dé la gana y sin permiso de salida o entrada, exprese lo que realmente siente sin miedo a ser reprimido, pueda escoger para su hijo la educación que quiera, no ser candidato a la peligrosidad social por sus ideas, en fin, civilizarse y decidir los rumbos de su vida? Aunque una sociedad con todas estas cosas resueltas sólo es posible en los libros de cuentos infantiles y en la propaganda subversiva y los cantos de sirena del capitalismo, según nos enseñaron, no podemos cejar en el propósito de lograrla. Eso sí, no podemos negar que aún subsisten alrededor de dos millones de trabajadores y miles de dirigentes corruptos, fundamentalmente por culpa de los agujeros negros en la capa de ozono, el deshielo de los glaciares y la Teoría de la Relatividad de Einstein, que sumados al deseo o la necesidad de sobrevivir bajo una economía desbordada de buenas intenciones en contraposición a la del capitalismo salvaje, incitan a robarse, desviar, sustraer, malversar hasta las huellas de cualquier producto comible o tomable como terapia contra la ansiedad. Por eso es que aseguramos que hay que ser masoquista de campeonato para abandonar la tranquilidad ciudadana que reina en el país, el sosiego de unas tardes bucólicas o llenas de humo y ruido a la orilla del mar, al centro de la Isla, mientras pasan los años. Es difícil creer que alguien abandone su terruño en medio de victorias y de logros jamás vistos en el universo. Si los cubanos se van, es por sembrar su alegría de vivir entre los metalizados norteamericanos, los xenófobos europeos, los ladinos asiáticos y los preteridos africanos. Si deciden lanzarse a la mar aunque sólo lo hayan visto en fotos, es por el hábito de aprendizaje, el espíritu de combate, su afán de lucha y su entrega desinteresada e internacionalista a los avatares de otros pueblos con disímiles tradiciones y costumbres. Y fíjense si es por humildad, que lo mismo se encuentra a un cirujano manejando una aspiradora en una clínica privada de Tegucigalpa que a un ex volibolista del equipo nacional de Cuba de profesor de baile en un dancing light de Roma, a una licenciada en lengua inglesa de mesera multioficio en un puticlub de Madrid o a una profesora de canto como doméstica en la casa de un turco con sordera en Izmir. Si llevan algo en su alma es la melodía de la Bayamesa, pues jamás muestran afán de consumo, nivel de especulación ni otras deformaciones desaparecidas de Cuba cuando inventamos el hombre nuevo. Esas son algunas de las razones por las cuales, con ciclón o sin ciclón, los cubanos se van. En medio de una balacera, los cubanos se van. Dejando atrás tradiciones, familiares y amigos, los cubanos se van. Así que no me vengan con cifras de escapados, aspirantes al sorteo, listas de quedaditos ni otras fórmulas de disfrutar la Isla desde un ángulo exterior, pues como dice la parodia que hice sobre una canción de moda, "hay razones que hiede, razones que huelen, razones que salvan y razones que matan". Y en eso, al cubano también le sobra la razón. LUX INFO-PRESS |
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ECONOMIA INFORMAL Rafael Ferro Salas PINAR DEL RIO, Cuba - Enero (www.cubanet.org) - Cuando se camina por esta ciudad se respirar el desaliento. Es una ciudad del interior de Cuba. Está a una distancia de ciento setenta kilómetros al oeste de la Habana. |
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Diciembre 7, 2005 La cocina cubana ha perdido su magia Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org) - Al perder su toque distintivo pareciera que la sabrosa cocina cubana de antaño quedó sin alma, al faltarle los condimentos de siempre que le daban su magia especial. Sin explicación razonable, los sazonadores tradiciones, en especial los llamados secos, en grano, hoja o molido -e incluso algunos propios del país- desaparecieron de las bodegas hace más de cuatro décadas. El antiquísimo refrán "El amor entra por la cocina" ya no vale en Cuba. Tampoco el pícaro piropo a la mujer cubana: "Si cocinas como caminas me como hasta la raspita", tiene sentido. En todo caso el Cupido de los cubanos aguarda -arco y flecha en mano- agazapado en cualquier cola de pizzería. La pizza y el espagueti se han convertido en la más socorrida comida, quitándole ventaja a los mismísimos italianos, sus inventores. Excepto el imprescindible puré de tomate, apenas requieren de otros condimentos. Ya es un respiro, independientemente de la carencia de otros alimentos, o la poca posibilidad de combinarlos. En la Cuba actual, el sazonador universal continúa siendo la sal común, seguida del vinagre, el zumo de limón o la naranja agria. Basta de contar. Se come para aplacar la urgencia del hambre. En el hogar común no cabe hablar de arte culinario, reservado a la sección de recetas de cocina y recomendaciones gastronómicas en algunas publicaciones, por lo general bastante alejadas de la realidad cotidiana del yantar. Algunos tipos de condimentos el estado los oferta sólo en moneda dura, casi a precio de oro. Pareciera una absurda vuelta a la Edad Media en Europa, cuando las especias eran tan escasas como caras, llevadas desde el lejano Oriente arrastrando grandes peligros. Los comerciantes las pesaban en gramos, en presencia de testigos, con las puertas bien cerradas para evitar que cualquier repentina corriente de aire pudiera arrastrar una pizca siquiera de las aromáticas especias. Si los vaivenes del clima, mercado y bolsillo lo permiten, ají, ajo y cebolla ingresan en la lista de sazonadores naturales. Las especias nunca faltaron en la cocina criolla. A los condimentos autóctonos se sumaban los propios de la Península y los que a ésta llegaban procedentes de otros confines. España negó obstinadamente a su "más preciada joya del joyero español" las libertades políticas que demandaba, pero nunca negó a sus súbditos de Cuba que comieran bien y sabroso. Antes de 1959 hubo marcas comerciales como El potro, Bijol y Tuppy, especializadas en el envasado, distribución y venta de los más variados condimentos. Hoy todas desaparecidas sin sustitutos, a no ser marcas extranjeras con variedad mínima, principalmente con cubitos de sopa concentrada, que las amas de casa emplean como condimento al faltarles éstos. Como prueba inequívoca de que los naturales de Cuba empleaban sazonadores en sus comidas, Cristóbal Colón, en su primer viaje anotó en su Diario: "También hay mucho ají, que es su pimienta". El ají guaguo (Capsicien frutescens) era muy usado por los indígenas en Cuba en sus sopas a base de casabe, pescado y carnes. El nombre del caldo, ajiaco, aún se conserva. También la bija (Bixa orellana), se empleaba por los indios como adorno corporal, ritual y para pintar de amarillo sus cuerpos cuando iban a guerrear para influir miedo a sus enemigos. También en sus comidas. La bija -más conocida como bijol, semilla pulverizada inocua, que imprime fuerte color amarillo-anaranjado- ha sido de amplio uso en la cocina cubana para confeccionar el gustado arroz amarillo. Para hacer menos insípidas las comidas, el cubano ha tenido que preparar huertos en patios y jardines, y sembrar plantas aromáticas como el culantro, orégano de la tierra, ají y naranjo agrio. Tímidamente también aparecen en los mercados agropecuarios. Pero algunos sazonadores como el azafrán, tomillo, alcaparra, clavos de olor, pimienta -picante y dulce- y nuez moscada, ni en sombras se les ve. Las últimas generaciones de cubanos no conocen ni forma, olor y sabor de estas especias. Han sufrido un verdadero exorcismo de la cocina cubana, antaño rica en combinaciones llegadas de África, Asia, América, España y de la misma Isla. En la Roma imperial se podía negociar la libertad de un esclavo por un kilogramo de pimienta. ¿De dónde se podría obtener en Cuba esa cantidad de pimienta para cualquier importante transacción comercial? ¡Qué botarates nos parecen hoy los ingleses del siglo XIV, que podían cambiar medio kilogramo de nuez moscada por tres carneros adultos! Muy pensativos quedamos al conocer que un papiro egipcio fechado en el año 2000 a.d.c. refiere las propiedades culinarias y medicinales de algunos condimentos que usaban. ¿Qué dirían los españoles si les quitaran su canela, clavo, tomillo, ajo, azafrán y las alcaparras? ¿Qué serían los italianos sin sus imprescindibles puré de tomate y albahaca como saborizantes naturales? ¿Y los chinos sin su salsa de pescado y soya? Pareciera, respecto a Cuba, que todos los desafíos y esfuerzos que debió afrontar Colón en su búsqueda de un nuevo camino al Asia para obtener especias resultaron inútiles, y por eso los cubanos de hoy andan también a la búsqueda de un nuevo camino para que no les falten las especias ni tantas cosas que hacen mejor y más digna la existencia humana. LUX INFO-PRESS |
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Vivencias y reflexiones de una española en La Habana Luz Modrono. 06 de septiembre de 2005. ¿Cómo hacer llegar la amarga visión que de la realidad cubana se obtiene en cuanto se traspasa el umbral de los circuitos turísticos y la planificación gozosa de esa bella isla que, para el consumo placentero del turista, ha desarrollado un gobierno infame que humilla, prohíbe, persigue y ha llevado a su pueblo a la condición de meros supervivientes? Por fin he llegado a Madrid, pero en mi retina, en mis oídos y en mi memoria persiste vivamente la realidad de un país enajenado, olvidado, justificada la barbarie y la pobreza, la humillación permanente en aras de no sé qué principios que nada tienen que ver con las legítimas aspiraciones de una sociedad libre. Sentir la mirada turbia por el miedo y la desconfianza de los cubanos, el ansía de escapar de una isla que ha sido lugar de origen y alumbramiento y que hoy es una cruel cárcel en la que irremisiblemente están atrapados, sin saber ciertamente el tiempo de condena que aún queda por cumplir, es una experiencia que Poe posiblemente no se atreviera a imaginar. Los cubanos declaraban en mis entrevistas sentir que son "culpables de algo", que han hecho algo mal a lo largo de la historia, y que son castigados por fuerzas incontroladas, sienten que agonizan entre podredumbre y vejaciones. El pueblo en Cuba ha sido desposeído de sus señas identificativas para verse transformado en masa hostigada y con capacidad de supervivencia en la medida en que son obedientes y sumisos a las órdenes transmitidas desde el poder. Un poder autodenominado "revolucionario" y que lleva casi medio siglo entronizado. Y contemplando indiferente, la agonía de su propio país. País en el que la apostasía se paga con largos años de presidio. La libertad de pensamiento, la independencia de criterios, la expresión crítica del análisis de la realidad son meras falacias contrarrevolucionarias que ponen en peligro la supuesta estabilidad del régimen. Estabilidad en la que -no me cabe duda alguna tras la observación y conversaciones mantenidas con los cubanos de toda índole y condición- no cree ni el propio Fidel. Porque Cuba es hoy una sociedad descompuesta, hambrienta, agonizante. Y de ello son prueba los actos de terror que sistemáticamente la Seguridad del Estado inflige a la población. Y que van desde los impedimentos legales para resolver cualquier trámite administrativo, a la amenaza, la exclusión social, el despido laboral... y que irán in crescendo en la medida en que los integrantes de la masa condicionada por el poder más vayan individualizándose hasta alcanzar los grados de paroxismo colectivo que son los actos de repudio, los avasallamientos y registros domiciliarios, las detenciones injustificadas, los interrogatorios en la tétrica Villa Marista, la suspensión de juicios, las palizas y las torturas, las condenas por delitos que no tienen visos de realidad, porque en Cuba el gobierno niega la prisión por delitos de conciencia. El pillaje, la mentira, la extorsión, la prostitución... marcan la personalidad de las calles de La Habana. Y la población, en la que los valores morales y éticos ha sufrido una alteración lingüística, denomina a todo ello "estar en la lucha". Está en la lucha el que roba, el que tima, el o la que se prostituye para poder malalimentarse, el que trafica... Está en la lucha el que, en definitiva, se ha visto obligado por la fuerza del hambre y un sistema político decadente a sobrevivir. Es decir, "roban todos, todos lo hacen. Lo único es que hay que tener cuidado con que no te pillen, pues son cinco años de cárcel", declara uno de mis entrevistados, joven de 23 años hijo de médicos fundadores del PCC y hoy sobreviviente que, de vez en cuando, y "cuando me sale" conduce un viejo "almendrón" de su familia y se dedica a traficar con puros habanos. Es la lucha cotidiana contra un mundo que se derrumba pero que no acaba de hundirse. Cuando habla, Alejandro se lleva un dedo a los labios, baja la voz y mira desconfiado hacia sus cuatro costados. Porque en Cuba nadie es inocente, para serlo hay que demostrarlo, y el gobierno tiránico de un enajenado lleno de odio y poder se encarga de que no sea así como arma arrojadiza contra los no-ciudadanos, contra el que se atreve a moverse, a no participar en los actos de repudio, a declararse contrario a tanto despropósito. Para el gobierno cubano y sus agentes esbirros de la Seguridad del Estado, yo tampoco fui inocente. La Seguridad se presentó en la casa en la que me alojaba y mancilló y violentó mis pertenencias, mis escritos, mi intimidad. Ante mi protesta y petición de una orden de registro que les diera la capacidad de avasallar mi rincón, respondieron con un lúgubre "nosotros no la necesitamos". Ahí comenzó una experiencia que me ayudó mejor a comprender la valentía, la dignidad, el orgullo de un pueblo que no quiere ser masa. Medió la amenaza contra mí y contra los que me rodeaban y con los que me relacionaba. Bajo la acusación de ser "agente extranjero al servicio de la contrarrevolución", dejando claro el significado de esta frase y la amenaza bien de la tenebrosa Villa Marista o la expulsión del país como "persona non grata", se me exhortó a seguir mi estancia en Cuba como turista y visitando los recorridos turísticos preparados por la revolución. Fue mi castigo y mi penitencia. Tenía que visitar la tarjeta postal para uso y disfrute de los turistas, confeccionada con hilos de mentiras y falsedades. Me convertí en persona non grata por rodearme de amigos que se habían movido de la foto, por gente que no cabía en la tarjeta postal. Aunque en realidad, ningún cubano cabe hoy en ella. Por hablar e intentar moverme, olvidando que en la tierra del secuestro nada es permisible sin el conocimiento de su excelencia, por tratar de conocer esta isla desde el otro lado del espejo. Y me transformé en una disidente extranjera, en una opositora, pasando a engrosar la larga lista de personas que, violando el principio universal de libre movilidad, no podrán regresar a Cuba y que, anhelantes, esperaremos que la pesadilla termine para regresar y celebrar en la calle, juntos el fin de una larga dictadura. Y poder abrazar a quienes encontramos en un camino lleno de escollos y prohibiciones, pero valientes y dignos y que nos impidieron abrazar. A pesar de Castro y sus secuaces, mi alma quedó en La Habana y dejé mi corazón llorando. Las páginas que siguen son un retrato de la Cuba fidelista que tuve la suerte, o la desdicha, de conocer. Retrato que no se queda en la descripción de unas calles o unas gentes sino que pretenden ser una crónica y a la vez una reflexión, testimonios de un mundo decadente, que agoniza. Son el resultado de mis andanzas en la isla, de mis contactos y conversaciones no sólo con miembros de la oposición, sindicalistas o periodistas, médicos, profesores o taxistas... son producto también de mis diálogos con gente común, con gente de la calle, anónima, con mujeres, hombres, niños o adolescentes, estudiantes y trabajadores, excluidos o aparentemente adaptados al sistema. Gente pronto dispuesta a ser fotografiada para sentir que su alma escapa de la isla de las mil cárceles y una sola cara pública, gente deseosa de hablar con quien esté dispuesto a escuchar, para que todos sepan que esta tierra es el reino de la mentira, del engaño, de la burla, para gritar al mundo el estado de oprobio y abandono en el que viven, para que los que venimos de países libres, democráticos donde no nos jugamos nuestra libertad por decir lo que pensamos, sepamos que no es posible vivir con 10 ó 15 dólares mensuales sin convertirse en un ladrón, un estafador o un jinetero. Que ésa es la máxima conquista tras una inamovible dictadura que va camino del medio siglo, Y es también un grito unánime de socorro porque les hemos dejado a su suerte, porque escondido tras un discurso demagógico, mientras el pueblo perecía, esta dictadura ha sabido encontrar apoyos y justificaciones más allá de sus propias fronteras. Cuba llora y parapetada tras un rítmico son, grita solidaridad. Dos características comunes definen hoy a todo cubano: el permanente miedo en las miradas, en las actitudes corporales, en el dedo índice llevado a la boca rogando bajar el tono de voz hasta hacerlo apenas perceptible. Miedo a ser oído, a ser detenido, a ser expulsado del trabajo, a que les quiten la licencia de cuentapropista, a no poder comer, a ser vistos en compañías no gratas para el régimen... Miedo que se vence a duras penas pero, que al cabo se vence, porque es mayor la fuerza de la libertad ansiada. Y que se traduce en un deseo de ser fotografiados para conseguir escapar aun de forma virtual, atrapados tras una imagen que ellos no verán. Y "la visa". Materialización del deseo legítimo de salir de un país que les mantiene atrapados. Visado que es la legitimación, la carta blanca que les permitirá la huida de forma legal. Todo cubano ve en cada extranjero el potencial poseedor de su carta blanca, y no importa la diferencia de edad, el lugar de origen, el dominio de la lengua, la comunión de costumbres o culturas... el objetivo es salir, salir y si es posible evitar el riesgo a ser devorado por tiburones o hundida la barca que, en la desesperación, se contempla en muchos casos como última salida tras agotadas todas las posibilidades, se aferrarán a ella. Sólo hace falta valor. Entre tanto, seguirán llorando y ocultando su amargura tras una cerveza nacional o el son de su ritmo. Muchos me confesaron que van sonriendo por la calle porque se niegan a que si algún miembro del Partido o de la policía les ve, o les toma una imagen, tras ella quede atrapada la imagen real de la desesperación y la amargura. Triste país éste en el que el disimulo y el miedo viven entronizados dándose la mano. Cuba sobrevive a pesar de sí misma. El escandaloso estado de abandono y ruina, de devastación de casas, calles y espacios públicos -bien escasos, por cierto, ya que apenas existen parques o centros de ocio- es la imagen de la devastación anímica de la mayoría de la población. Cuba resiste a pesar de la incomprensión de una buena parte del mundo exterior, de la insolidaridad mostrada por los que justifican la existencia de un estado psicópata, consumido en el abandono. Muchos de los que hoy aún siguen defendiendo la dictadura cubana no han recorrido las calles del país, no han traspasado las fronteras de la ausencia de libertad, no han visto ni oído a un pueblo castigado y humillado. Qué fácil es defender utopías cuando se vive en países donde la amenaza, en todas sus formas y en todas sus manifestaciones, no es la moneda de cambio para seguir subsistiendo. Donde el miedo físico y psicológico no se han adueñado de la convivencia y la propia existencia de sus moradores. La autora es integrante del Grupo Internacional por la Responsabilidad Social en Cuba. |
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NOTICIAS DE CUBA Mochila al hombro, los médicos cubanos están listos para partir a EEUU LA HABANA, 5/09/2005 (AFP) - Mochila al hombro y vestidos con su bata blanca, 1.586 médicos cubanos esperan la respuesta de Washington para partir a Estados Unidos y atender a las víctimas del huracán Katrina, una misión que, aunque humanitaria, no consigue atenuar sus tintes ideológicos . Cada uno, cual si fuese un soldado, se presentó la noche del domingo en el Palacio de las Convenciones ante su comandante, el presidente Fidel Castro, quien pasó revista a su "fuerza" de médicos, reclutada el viernes por toda la isla. "Han pasado 48 horas y no hemos recibido respuesta alguna a nuestra oferta. Esperaremos pacientemente los días que sean necesarios. Si finalmente no llega respuesta o no fuera necesaria su cooperación, no por ello habría desaliento en nuestras filas", dijo Castro. No solo mostró ante las cámaras a su ejército de médicos, sino que aumentó la oferta. Castro anunció que la brigada que inicialmente era de 1.100 médicos con 24,6 toneladas de medicamentos ahora sería de 1.586 galenos y 34 toneladas de producto farmacéuticos. "Estamos listos. Existe un desastre en Estados Unidos, la cobertura médica no es suficiente, pero la traba es lo ideológico. Nosotros lamentamos que se ponga primero el problema político mientras hay vidas que se están perdiendo", dijo a la AFP el médico Rafael Vera, de 43 años. Sentado en el salón del Palacio de las Convenciones, Vera hace un recuento de su experiencia de 19 años como médico general y miembro de una brigada internacional que lo mantuvo en Brasil durante más de cuatro años. De su mochila verde muestra uno a uno los medicamentos que carga para atender a las víctimas de Katrina en una primera etapa de emergencia, principalmente equipos de diagnótico y fármacos contra la deshidratación y las infecciones. "No nos aceptan por culpa de la política, pero para nosotros lo fundamental es lo humanitario, ayudar en estos momentos a evitar las epidemias porque aún hay cadáveres flotando", manifestó. Marisol Fábrega, de 43 años y con más de una década de experiencia médica, estuvo en Paraguay y Venezuela, y ahora se dice "totalmente dispuesta a ir a donde sea" y en cualquier circunstancia para encarar la crisis sanitaria desatada por Katrina, tras azotar con furia los Estados de Luisiana, Mississipi y Alabama. "Es bastante inhumano lo que está pasando, que no nos acepten, porque es el pueblo quien necesita la ayuda. El gobierno de Estados Unidos ha sido bien moroso. Todos los que estamos aquí estamos muy bien preparados para cumplir la misión", manifestó. Llegada de la oriental provincia de Granma, Larissa Blanco, de 29 años, seis de ellos como profesional médico, hizo un llamado para que "nos permitan aplicar nuestro conocimiento y ayudar desinteresadamente". "Hemos dado un paso al frente para ayudar al pueblo norteamericano", dijo el epidemiólogo Jorge Delgado, de 53 años y quien ha cumplido misiones en Nicaragua, Angola, Guatemala, Honduras, Haití, Paraguay, Zimbabue y Sudáfrica. Al dirigirse a ellos, Castro los colmó de elogios e insistió en que la cooperación de Cuba no tiene fines propagandísticos o cálculos políticos, pese a que es hecha en momentos en que han arreciados las tensiones entre ambos países. "Tal vez algunos (...) pensaron que se trataba de un bluff o una ridícula exageración. Jamás nuestro país juega con asuntos tan serios, ni ha practicado nunca el deshonor de la demagogia y la mentira", expresó el presidente cubano. Esta no es la primera vez que la relación entre La Habana y Washington toca fibras sensibles en medio de una tragedia. Cuba rechazó ayudas por 50.000 dólares que le ofreció Estados Unidos para mitigar los daños que dejó el huracán Dennis en julio pasado y el Charley en agosto de 2004; mientras que Washington declinó aceptar la ayuda que ofreció el gobierno cubano tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. |
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Fidelitis aguda: cuando el salario promedio no llega a un dólar diario © Ileana Fuentes, julio 2005. Beatriz es una graduada universitaria de 46 años con 23 años de experiencia en docencia secundaria en La Habana. Hasta este abril que pasó, y basado en la escala salarial, su desempeño y años de servicio, su salario era de 384 pesos mensuales. Cuando comience el curso escolar en septiembre, su salario mensual será de 435 pesos -51 más- gracias a un incremento salarial en el país que entró en vigor en mayo y que sube el sueldo mínimo de 100 pesos a 225. La medida tiene sus excepciones, tal como los sueldos en las empresas del MINFAR -supuestamente envueltas en lo que se llama "perfeccionamiento empresarial"- donde el salario mensual mínimo se elevó a 277 pesos y 88 centavos. Al cambio de 24 pesos por dólar, el nuevo salario de Beatriz equivale a 60 centavos de dólar diario. La escala salarial no es la misma de una ocupación a otra. El salario mínimo en ciertas profesiones es más alto. Ejemplo: los trabajadores sociales graduados de programas especiales no-universitarios comienzan ganando 345 pesos -US $14.35- mensuales. Algunos sociólogos cubanos señalan que el gobierno tuvo que incentivar esta carrera ofreciendo sueldos más altos (¡!) dada la crisis social que atraviesa la sociedad cubana. Hay disparidad salarial también entre los maestros llamados emergentes y los graduados universitarios en pedagogía: los primeros, egresados de programas de emergencia de un año de duración, de donde salen con el título de maestro, empezaban con 167 pesos mensuales; los universitarios, egresados de la carrera pedagógica que dura 5 años, con 198. Ahora ambos recibirán 225 como salario mínimo, a pesar de las obvias diferencias. El equivalente: US $9.37 al mes. Según un líder provincial del opositor Colegio de Pedagogos Independientes, el descontento entre los educadores es tal que hay mayor deserción profesional en este campo -hacia ocupaciones que generen dólares- que en ningún otro. "Las cubanas ya no quieren ser maestras. Las jovencitas saben en la industria turística se resuelve mejor. Además todos saben que jineteando con turistas o con algún novio extranjero se gana el salario de un año en una semana" afirma Miriam García Chávez, fundadora del citado Colegio, que reside hace varios años en California, desde donde se mantiene al tanto de la situación pedagógica en la Isla y en contacto con sus colegas. Manuel Cuesta Morúa, líder opositor social demócrata, de la raza negra, calificó de "magros" los aumentos salariales en entrevista reciente con France Press. Cuesta Morúa le atribuye el incremento alarmante del descontento público -a un pelo de la violencia, según él y otros líderes opositores- contra el gobierno de Castro a esta medida, y también a "los cortes de electricidad, la mala calidad de los servicios, y la ofensiva contra los cuentapropistas". Los trabajadores de la docencia y de la salud pública están que arden. Esto tiene serias implicaciones de género, ya que un 70% de los educadores, y un 72% de los trabajadores de salud pública, incluyendo a los médicos, son mujeres. Otros campos también están feminizados: el 72% de los trabajadores en la industria ligera son mujeres; el 35% de los técnicos agrícolas y el 45% de los ingenieros agrónomos, otro tanto. El comercio y las comunicaciones también cuentan con altísimos por cientos de mujeres: el 46% y 50%, respectivamente. Los estudiosos en materia de género, tanto cubanos como extranjeros, están de acuerdo en que las cubanas han llevado la carga más difícil y dura en estos 46 años del experimento "socialismo o muerte". Las mujeres tienen, además, otras urgencias no resueltas, como las íntimas. Las íntimas llevan cuatro décadas racionadas: hasta hace un año, una caja de uso mensual por mujer, durante 5 meses del año; de un año para acá, durante 7 meses. Muchas mujeres tienen que recurrir a los trapitos, hechos con sábanas viejas y ropa gastada. Claro que pueden comprar íntimas en la chopin con dólares. ¿Qué hacen las mujeres que no reciben dólares mediante sueldos, remesas familiares, u honorarios sexuales? El aumento salarial no resuelve los problemas cotidianos que enfrentan las mujeres, y el resto de la ciudadanía: como trabajadoras, la violación de todos los derechos laborales, a pesar de las denuncias y exigencias de la Organización Internacional del Trabajo al respecto; como cubana de a pie: transporte ineficiente; escasez de alimentos y medicinas; una economía aún dolarizada en la que ni un sueldo alto resuelve más de 10 o 15 días las necesidades básicas de una familia; apagones programados diariamente entre 14 y 16 horas; escasez de agua; deterioro y escasez de vivienda. En un reciente editorial, la revista Investors Business Week informaba que "el déficit de la vivienda en Cuba asciende a 500,000 unidades". El gobierno cubano reveló esa cifra hace unos meses, y ahora reporta que 120,000 casas sufrieron serios daños al paso del huracán Dennis. Naciones Unidas estima que este ciclón afectó al 75% de la población. En términos de género, esto se traduce a 4 millones 350 mil mujeres y niñas, el 75% de los 5.8 millones de cubanas en la Isla. La economista independiente Martha Beatriz Roque estima que el desempleo anda por el 60%, ni remotamente por donde informa el gobierno, que da una cifra del 3%. Algunos sindicalistas independientes advierten que la inflación se acerca al 500%, y explican que en Cuba jamás se han indexado los salarios para que el cubano pueda lidiar con los verdaderos costos de vida. "Los precios de la ropa y los zapatos, cuando llegan a las tiendas" afirma Aleida, una laboratorista de Bayamo, "están calculados a nivel dólar". Hicimos un muestreo telefónico de precios en tres de las provincias orientales (Holguín, Granma, Santiago de Cuba) y en La Habana, y entrevistamos a seis cubanas de visita en Estados Unidos. De ahí la siguiente información: un par de zapatos "más o menos decente" puede costar entre 40 y 50 chavitos (la nueva moneda convertible, equivalente a dólar) -entre 1,000 y 1,200 pesos, al cambio oficial de 24 pesos por chavito-; y entre 25 y 35 chavitos -unos 720 pesos- en la capital. Una saya o un vestido sencillo puede costar 240 pesos en La Habana, más del sueldo mínimo mensual, digamos, de una conserje. En cuanto a los alimentos, un estudio hecho en 2004 por el líder opositor Vladimiro Roca, arrojó que un sueldo mensual promedio, si se utilizara solamente para comprar alimentos, alcanzaría para unos 10 días del mes. Hoy la situación es la misma, a pesar del aumento salarial. Media libra de pollo o pescado cuesta 24 pesos; un litro de leche, 30 pesos; 1 litro de yogurt de soya, 15 pesos; 1 aguacate, 5 pesos; 1 fruta bomba entera, 20 pesos; una libra de boniato o malanga, 4 pesos; 1 libra de carne de puerco, hasta 25 pesos. La canasta básica mensual, para seis personas, se mantiene a 18 pesos. Pero…. La ración por persona que conforma la "canasta básica" no alcanza para los 30 días en la dieta de un adulto promedio: 6 libras c/u de arroz y azúcar; _ libra de granos; 4 onzas de café; una bolsa de sal. Los huevos, el aceite, la pasta, el picadillo de soya, el puré de tomate, los perritos, el puerco, el pollo, y el pescado hay que pagarlos aparte, y racionados: 6 huevos por persona al mes; _ libra de pollo. La carne no está a la venta en ningún mercado. La leche -racionada a un litro diario, que cuesta 1 peso- se vende sólo para consumo de los niños hasta los 7 años. Entre los 7 y los 12 años, los niños consumen yogurt de soya, racionado a 15 litros al mes, también a peso el litro. La mantequilla, aceite adicional, puré de tomate y mayonesa sólo pueden comprarse en la chopin, a entre 2.55 y 5 dólares, según el producto. De más está decir que Juana la cubana puede comprar algunos de estos artículos en bolsa negra, si tiene dólares o chavitos, arriesgándose a que la policía la agarre, le confisque lo comprado, le imponga una multa o unos días de cárcel o ambos si, por ejemplo, el tráfico ilegal es de carne de res. Volvamos a Beatriz. ¿Podrá ella resolver mejor a partir de septiembre con el nuevo salario de 435 pesos? El nuevo sueldo de Beatriz equivale a $18 dólares. ¿Y qué de Aleida la laboratorista de Bayamo, con sus 276 pesos mensuales? ¿Dejará Aleida de comer durante tres meses para comprar un par de zapatos a sus dos hijas? |
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Fecha última actualización : 17 Julio, 2008